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El autor de este Oscuro Mundo de Ficción, Fantasía y Terror.

Si me preguntas por la inspiración…

No está en ningún mapa. Los lugares verdaderos nunca lo están

Herman Melville – Moby Dick

 

La Vida nos consume.

Los días te pasan ejecutando tareas, casi siempre rutinarias, mientras te mueves en poco menos que círculos de obligaciones y necesidades.

Un día, y otro, y otro. De tanto en tanto alguna escapada, un respiro, aunque siempre mirando el reloj y recordando que  hay un lunes detrás de cada esquina.

Y no es que te sientas mal, o frustrado…

… pero percibes que algo falla.

Y entonces llega una cosa llamada Covid 19 y la maquinaria se detiene con un crujido seco.

De repente, no eres libre de ir donde te plazca, pero vuelves a ser dueño de tu tiempo.

El tiempo, posiblemente nuestro activo más valioso, siempre escaso y en constante merma desde el mismo instante de nuestro nacimiento.

Por suerte para mí, Tiempo vino acompañado por Reflexión, a la que no recordaba haber visto desde que me independicé e incorporé al mercado laboral. La cosa es que, cuando ya tienes deudas y facturas que pagar todos los meses, lo de: «¿quienes somos? y ¿a dónde vamos?, deja de tener la misma importancia que durante la adolescencia. Ya no buscas tu identidad, solo te preocupa llegar a final de mes. Y luego la existencia se convierte en una rueda de la que es complicado salir.

No voy a decir que tuve una epifanía, pero casi. Había menos ruido en mi cabeza, menos interferencias. Todo había quedado pospuesto a expensas del maldito virus.

Me encontré una madrugada sentado a oscuras en mi cama, escuchando la pausada respiración de mi mujer. Su mano se deslizó sobre la mía cuando percibió que me estaba levantando, y le devolví el apretón en silencio mientras me calzaba las zapatillas. Siempre a oscuras, subí hasta el ático y contemplé el origen de mi inquietud. Una carpeta vieja y arrugada, rescatada unos días atrás del fondo de un armario. No contenía gran cosa, apenas unos folios manuscritos, amarilleados por el paso del tiempo. Algunos databan de mi época en el instituto. Unos pocos más eran posteriores, de cuando el servicio militar.

Eran apuntes, esbozos. Historias cortas y uno o dos capítulos de algo que olía a DragonLance y que me habían publicado en la revistilla del cuartel.

Repito, no eran gran cosa pero…

Cerré los ojos mientras me recostaba hacia atrás en la butaca, y aspiré con fuerza.

Allí había algo.

Una tremenda energía permanecía todavía acumulada en aquellas hojas de papel crujiente. Me froté las sienes mientras las posibilidades danzaban infinitas detrás de mis párpados.

Entonces, una puerta se abrió en mi cabeza. Diría que en la parte posterior de ella, porque pese a no moverme, recuerdo girarme a contemplarla. Una lluvia fina entraba por ella, empujada por un aire que era a la vez frio y caliente, como el que precede a la tormenta. Salí por ella a un callejón mal iluminado y no demasiado limpio, que desembocaba en una calle adoquinada y cubierta de niebla.

No me sorprendió encontrar gente allí, aguardando sentada en los escalones de acceso a una casa que bien podría pertenecer a la inglaterra victoriana, con el cabello pegado a la frente debido a la humedad. Pero sí que me admiró que tuvieran tantas cosas qué decir, tantas historias que transmitirme. Y que yo pudiera comprender sus voces con semejante facilidad despues de tantos años sin prestarles atención.

Porque confieso que me limito a ser su cronista. Nada procede de mi imaginación. Solo escucho sus susurros, atento y aguzando el oido en la soledad de la noche. E intento narrar, de la mejor forma posible, aquello que tienen a bien contarme: sus historias impregnadas de fantasía y terror. Lo que nosotros tomamos por ficción.

Así que, si en algún momento sus andanzas os resultan extrañas, sus palabras crípticas y sus emociones indescifrables, echadme a mí la culpa por mi pobre talento, porque sin duda los habré mal interpretado.

Porque ellos luchan casi todas las noches con seres formados por el material que puebla nuestras más oscuras pesadillas, tan solo para que el resto tengamos una oportunidad de ser felices en nuestra ignorancia. Ignorancia de los mundos que hay más allá de los velos.

Y merecen el mayor de los respetos.


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